Científicos prueban si retirar a mano algas invasoras de Cíes evita su reproducción

 

Científicos prueban si retirar a mano algas invasoras de Cíes evita su reproducción

El Cetmar y la Universidad de Vigo tratan de comprobar los efectos de la remoción de la "Sargassum muticum" en su crecimiento y en las especies nativas en el parque nacional

A. RUBINOS Investigadores del Centro Tecnolóxico do Mar-Fundación Cetmar comenzarán la próxima semana una investigación para comprobar los efectos de la retirada manual del alga invasora Sargassum muticum tanto en su crecimiento como en las algas autóctonas. El experimento se llevará a cabo en el Parque Nacional Marítimo-Terrestre das Illas Atlánticas y se integra en el marco de dos proyectos que el Cetmar desarrolla en toda Galicia, financiados por el Ministerio de Medio Ambiente y por el Plan Galego de I+D.

Las tareas se desarrollarán en tres zonas de las Islas Cíes con el apoyo del Parque Nacional. Así, el equipo de investigadores dirigido por Mónica Incera Filgueira (investigadora Parga Pondal del Cetmar y doctora en Ciencias del Mar) con la colaboración de la científica de la Universidad de Vigo Celia Olabarría, trabajarán en Rodas, Carracido y en la costa Bufardo. Durante un año retirarán cada dos meses estas algas y analizarán la evolución de su población y su crecimiento. Además, realizarán controles en zonas donde no se extraerán algas.

Según explica Mónica Incera, la Sargassum muticum es un alga invasiva que llegó en los 80 desde Asia, probablemente en importaciones de ostra para cultivar. “Su reproducción es muy rápida y por eso es tan invasiva”, apunta, lo que provoca serios problemas ecológicos, económicos y sociales.

En cuanto al medio ambiente, la científica señala que causa una pérdida de biodiversidad, aunque su alcance está por determinar con otras investigaciones. “También queremos estudiar si animales, como las pulgas de playa, sólo comen algas nativas o no”, explica, aunque ya saben que la Sargassum muticum segrega una sustancia que hace poco apetecible su ingestión.

Asimismo, afecta a los bancos marisqueros. “Su crecimiento desmesurado y acumulación genera masas muy densas que dificultan el trabajo y, además, no permite pasar la luz y el oxígeno con lo que mata el marisco”, recalca.

PEPIN


 






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